Tres ONG españolas coordinan un programa sanitario de lucha contra el Sida en Erati

Prensa. Fuente: diario Levante

 11-08-2008

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“Yo iba a morir en 2005 porque comencé con los síntomas del SIDA en el año 2001. Entonces ya tenía a mis 9 hijos y mi familia era muy pobre. Mi marido me abandonó al saber que era seropositiva, incluso me invitó a marcharme de casa, pero mi familia intercedió y tuvo que marcharse él. Por aquel entonces yo estaba muy débil, llegué a pesar 20 kilos y para desplazarme necesitaba de la ayuda de mi madre y un hermano. Hoy peso 72 kilos, gané la fuerza necesaria para salir adelante. El proyecto que en 2005 iniciaban Ayuda en Acción, Medicus Mundi y Consejo Interhospitalario con la ayuda valenciana en el Hospital de Nampula me devolvió la vida. Gracias a las ONG comencé a recibir la medicación, y la alimentación también formaba parte importante del tratamiento. Ahora estoy viva y visito Valencia para testimoniar que la cooperación valenciana salva vidas en Mozambique”, relata Hilda João en un portugués con notas del Índico africano.
Hilda João es ahora líder comunitaria de Erati, donde las tres ONG han desarrollado en los últimos tres años un programa de salud con financiación de la Generalitat Valenciana que beneficia a 210.000 mozambiqueños y que ha impulsado una red local de personas y entidades que luchan por el derecho de las personas seropositivas a una vida digna, a través de la información, el tratamiento, la atención y el apoyo personalizado.

En un país donde el SIDA relegaba y silenciaba a sus presas, las avergonzaba y arinconaba dolorasamente, João fue la primera persona en Erati que reunió la fuerza suficiente para hacer pública su enfermedad. “En Erati no había hospital, y la enfermedad no tenía cura. Fuí hasta Nampula y allí, cerca del hospital, me presenté en el programa de salud que iniciaba la ONG. Empecé a mejorar y desde entonces he estado vinculada como participante y voluntaria. La gente tenía miedo a presentarse, había que sensibilizar a las personas, hacer actividades, realizar test secretos, acercándonos a los barrios, barrio por barrio. Día a día recorría las comunidades en busca de personas. Salía a las 6 de la mañana y volvía a casa a las 18 horas. Yo no tenía miedo a hablar con ellas. Todos mis hijos realizaron el test. También mi madre lo hizo, y salieron negativos”, comenta con una sonrisa reparadora.
Su testimonio animó a decenas de enfermos a reconocer que eran seropositivos, y a sumarse a las actividades del Programa Salud Erati. Hilda aconseja a otras personas que viven con el VIH/Sida para que inicien el tratamiento. Y su trabajo dentro del Programa se multiplica. Traduce para los médicos del makua al portugués, y viceversa para los pacientes; continúa recorriendo las calles en su labor sensibilizadora y coordina la creación de huertas a través de las cuáles los beneficiarios consiguen alimentos que acompañan las dosis regulares de medicamentos.
Acceso al agua, la gran frontera
Entre las dificultades a las que diariamente se enfrentan las personas seropositivas en Nampula destaca el problema del acceso al agua. “No tenemos fuentes, sólo el 20 por ciento de la población accede al agua potable. Queremos incrementar la potencialidad del programa porque el proyecto está dando mucho rendimiento y las fuentes son muy necesarias. Ahora mucha gente está mejorando. Hemos creado una asociación de mujeres para alfabetizar, y trabajar con mayores y jóvenes la prevención y la distribución gratuita de preservativos. Entramos en las mezquitas y explicamos cómo colocar el condón y evitar enfermedades oportunistas. Ahora los líderes religiosos están a favor del preservativo porque se ha visto reduce el número de muertes. Ahora se puede vivir siendo seropositivo” comenta con la ilusión de quien cree que otra forma de vida es posible.
El programa también contribuye en el área de pediatria a través del tratamiento a embarazadas, y con papillas enriquecidas para mejorar la nutrición de los bebés.